No Digan Que Estoy Dormido

Oh tercer mundo, lindo y querido
Si muero lejos de tí, que digan que también perdí mi alma al cruzar esta barda
Para servirle a esos que se sirvieron de nuestras riquezas
Para mendingar monedas de bronce al que se llevo nuestros cofres de oro
Mas ellos nunca entenderán:

¿Por qué sentirían culpa los hijos de Hernán Cortez?
¿Los Parisinos por sus delicadezas culinarias arrancadas de las entrañas de Algeria?
¿Tal vez yo, por usar este iPhone extraído directamente de la infancia del Congo?

Henos aquí,
Abandonando los tianguis por WholeFoods y Carrefours
Los caballos y camellos por Volkswagens
Nuestros bailes e himnos por remixes
Sus comidas picantes no pican
Pero si pican sus bombas.
Aquí en Sana’a. Aquí en Panamá.
Su adicción también pica
Nos picó en Afganistán y también en China
Pero en Latinoamérica tenemos mejores picantes
Aceptamos armas o débito. Gracias. Nunca Vuelvan.

Tal vez me ahogue en el Rio Grande, o en el Mediterráneo
Al cruzar me disparará un Tejano, o un Israelí
Tal vez no tengo si quiera que salir de casa
Cada mañana podre ver el aurora del napalm en Vietnam
Me despertare al cantar de los F22 en Gaza y en Homs

Cerrare los ojos mirando los cielos de Raqqah y Mosul
Cuando los abra finalmente podremos estar juntos aquí en este lindo hospital
Y mientras la democracia derrumba el techo de nuestro quirófano Pakistaní,
Y mientras el fósforo transforma nuestros cuerpos morenos en una bella flama luminosa
Tal vez podamos entonces intercambiar nuestros pasaportes

Si ellos no van a diferenciarnos, ¿Nosotros por qué lo hacemos?
Tal vez siempre fuimos, somos, y seremos uno mismo

Aunque tus tortillas tengan humus y no guacamole
Aunque tus platos tengan cuscús y no arroz